lunes, 5 de julio de 2010



Uno nació en 1964 fue uno de esos arqueros que jamás demostraron grandes cualidades pero que por gracia divina llegaron a uno de los grandes de la Argentina por haber tenido sus minutos de fama atajándole un penal al Manteca Martínez en un superclásico de 1994 aunque Passarella le haya dicho que se tire para la otra punta, por sacarle el puesto a Sergio Goycoechea y por haber usado, aunque nadie recuerde, un ilustre bigote. También por confiar en la empresa Eneve que lo bancó desde sus orígenes evitando las ofertas de las grandes marcas como Reusch y Adidas.
Arrancó en Belgrano de Córdoba y lejos pensaba al debutar que en breve llegaría tan alto. Por esas cosas del destino cayó en River Plate (1992-1995) siendo prácticamente un desconocido. Su salida fue previa a la gran etapa de Ramón Díaz en el club y buscó nuevos horizontes. Curiosamente ningún grande creyó en el, y debió pasar por Huracán de Parque Patricios, Osorno de Chile(1996) donde le convirtieron dos goles de mitad de cancha, Chacarita Juniors en el Nacional B (1997-1998) donde compartió equipo con grossos de la talla de Rafael Luongo, Hernán Pagés, Favio Schiavi, Denis Conde y Wilson Nuñez entre otros. Tuvo la fortuna de sufrir un gol de penal de otro arquero, Darío Sala, en ese entonces en Los Andes. Pasó también por el combinado de libres y en 1999 defendió el arco del recordado Deportivo Español.
Estuvo trabajando como entrenador de arqueros en Nuñez, compartiendo cuerpo técnico con Astrada, H.Díaz y Corti. De los arqueros que pasaron por River, generalmente tuvieron lugar en la selección, como Comizzo, Passet, Goycoechea, Miguel e Irigoytía en la juvenil, Burgos, Bonano, Costanzo y Lux. El soderooooo, soderoooooo retumbo varias veces en el Monumental de nueñez.

El otro nació en 1981, se inicio como arquero en el babi futbol del club Pacifico. Allí supo saber defender los tres palos, mientras los aficionados disfrutaban de patys y cocas en el mismo buffet donde otros no comprendían su labor. Las charlas crecían y la duda sobre su posición parecía tema de estado; mientras otros preferían hablar de sus supuesto affaire con el hoy crack, Andres D´alessando. Con el paso del tiempo se sintió atrapado en el área, y decidió explorar otros caminos. Como buen revolucionario cruzo fronteras para moverse en otras líneas del equipo. Un día decidió explorar el mediocampo. Pocos fuimos los que nos deleitamos y hasta aprendimos con sus pinceladas, tanto en el segundo piso de alcaraz, como en el verde césped de San Justo. Sus quiebres de cintura, sus caños de escuela, y su mirada picara para lograr realizar todo lo contrario a lo que la lógica indica, hacían de este tipo un volante técnico y dotado. Siempre predispuesto a todo. Fiel a sus principios. Pero las transformación comenzaron a vislumbrarse nuevamente, las cualidades mencionadas fueron dejando lugar a otra nuevas que influyeron en su mente para buscar otros horizontes. Algo así como una mutilación, como aquella que realizó en su nariz para demostrarle a más de uno que su belleza interior también podía lucirse por fuera. Pero tal como su historia lo ha marcado, este hombre tiende aburrirse rápido, y rápidamente necesita de reciclaje. La siguiente etapa lo encontró en la línea defensiva, esa donde solo los guapos dejan su marca. Y vaya si ha dejado marcas: piñias, codazos, rodillazos, rotura de tobillos, pisada de cabezas al por mayor; lo convirtieron en un defensor aguerrido que ha sabido parar a los más ligeritos de las bandas, y a los pesados centro delanteros. Años de sacrificio y de lucha hasta que por una situación extrema el puesto de guardavallas exhibía ese cartelito tan famoso de “se busca” o mejor dicho, “se necesita”. Por necesidad, por lo que fuese….allí estuvo él para responderle a sus compañeros nuevamente. Con un arco aun más grande, con dificultades físicas; pero con ese amor eterno. Con ese buzo tan parecido al que utilizaba el de River, y con su mejor cualidad: su amor por estos colores. Por todas estas cosas, te ganaste esta nota: por volar de palo a palo, por saber tirar caños, por el gol de aquel ascenso buscando la moneda en el pasto, por pegarle una terrible piña al pobre fabi ayer en el área, porque tenes que tener huevos para dejarte los bigotes…..y ser, realmente,

“El sodero de mi vida”

“El picante”.

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